El dinero es el último tabú que existe en el siglo XXI.

Los manuales de “buena paternidad/maternidad” (¡y vaya que hay muchos!) nos indican claramente que para poder educar ciudadanos del siglo XXI, necesitamos hablar con ellos clara y frontalmente de drogas, de alcohol, de sana alimentación. Sin embargo en pocos lados nos hacen hincapié acerca de la importancia de la educación financiera para criar adultos exitosos.

Irónico, ¿no? Que algo tan cotidiano sea tan relegado.

Es una realidad que no importa lo que nuestros hijos quieran ser cuando sean grandes – basado en sus aficiones, sus gustos, sus miedos, sus sueños o su suerte – la relación más importante y larga que van a tener en la vida es con el dinero.

Hoy en día estamos acostumbrados, o nos estamos acostumbrando día con día, a que no exista ningún tema del que nuestros hijos no nos pregunten ¡y tengamos que responder! Pero los temas financieros nos siguen costando mucho trabajo.

¿Por qué?
En parte, porque asumimos que es un tema complicado, que tenemos que enseñar a los niños “buen manejo financiero” basándonos en matemáticas, fórmulas financieras o teorías rimbombantes que no van a entender o que, quizá, nosotros tampoco entendemos.

Esto es falso.
La base del buen manejo financiero tiene que ver con cosas mucho más simples que, ojo, no por eso más sencillas:

  1. Frontalidad. “Tomar el toro por los cuernos” y hablar de todos los temas financieros. Desde lo que pasa en el mundo hasta lo que pasa, bueno y malo, en nuestra propia cartera familiar. Eso a veces es doloroso, pero es muy necesario.
  2. Organización. Lo primero que le tenemos que enseñar a los niños y jóvenes es que sean ordenados y metódicos en el manejo de su dinero. Que lleven sus cuentas, que apunten, que revisen la información que reciban, que hagan preguntas cuando tengan dudas, que no salten a conclusiones sin tener los datos que necesitan.
  3. Buenas fuentes de información. En un mundo en donde existen tantos datos, muchos de ellos manipulados y poco veraces, tenemos que enseñar a nuestros hijos a tener criterio y a distinguir opiniones de información.

 

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